Desde que fue anunciada -y sin ser presentada aún- la oposición acusó a José Antonio Kast de querer pasar «gato por liebre”, y de proponer “una reforma tributaria encubierta”, a propósito de lo que se quiso mostrar como una «megarreforma en el marco de la reconstrucción» de Chile.
Lo primero que se cayó es el concepto de que exista un Chile que reconstruir, juicio al menos apresurado; pero lo segundo fueron los intentos infructuosos del Ejecutivo para lograr que la población desrarollara cercanía o simpatía con la propuesta, cuestión extremadamente difícil considerando que la principal crítica que ha recibido el Gobierno del republicano ha sido la escasa capacidad de ponerse en los zapatos de la ciudadanía, cuyo ejemplo más concreto fue el hecho de que la relación entre el pueblo y su ministro de Hacienda se inició con una brutal alza de los combustibles sin precedentes.
Tratando de resumir, el Gobierno buscó ajustar un acuerdo parlamentario pero olvidó a los grupos de interés y al tejido social. Y es en ese momento que empezaron a surgir las voces más complejas a la hora de cerrar acuerdos mayoritarios: la voz de los perjudicados.
Esto fue acompañado de hechos irrefutables. O que al menos no encontraron una vocería que permitiera refutarlos, como por ejemplo, la acusación de que el proyecto le entrega privilegios al 1% más rico a costa del 99%. O que en esta ley de los superricos, el gobierno no ha buscado el diálogo, dijeron desde el mundo parlamentario; o que la baja de contribuciones y sin reintegro de 100% al Fondo Común Municipal causará estragos, detallaron desde el municipalismo en forma transversal.
Para ir cerrando el lazo en torno al cuello de la reforma, esta semana el Consejo Fiscal Autónomo (CFA), un ente técnico y respetado, se encargó de encontrarle nueve riegsos fiscales al proyecto, advirtiendo que la iniciativa además presenta déficits fiscales como para unos 5 años más.
Para muestra un botón: el CFA dice que el costo generado por la rebaja de impuesto a las grandes empresas no sería compensado por el supuesto mayor crecimiento que generaría. Simple.
Todo esto finalmente fue rematado esta semana también, cuando el Partido de la Gente (PDG) -ver nota aparte- dio pie atrás en el acuerdo con el Gobierno de apoyar la Reforma Tributaria de Kast.



