¿Es propio de una democracia que un ministro de Hacienda diga que, de ser necesario, continuará gobernando por decreto? No. Si el Consejo Fiscal Autónomo y el Fondo Monetario Internacional nos dicen que la “Ley de los Super Ricos” es un riesgo fiscal para Chile, yo creo que el ministro de Hacienda no puede seguir amenazando con gobernar por decreto.
No contento con esto, Kast, en su rol de vocero de Gobierno, salió a respaldar a Quiroz y no descartó los decretos como fórmula de avanzar en su reforma tributaria encubierta, también conocida como «Megarreforma».
El CFA fue lapidario: el costo generado por la rebaja de impuesto a las grandes empresas no sería compensado por el supuesto mayor crecimiento que generaría; por tanto, esta reforma no tiene sentido si lo que se pretende es superar una emergencia que el mismo Gobierno ha instalado discursivamente.
En caso de emergencia la respuesta es inmediata. Si hay incendio, sales arrancando. Si hay terremoto, abajo de las mesas o el dintel de la puerta. Si impones en su seudo relato que hay una emergencia que dejó el anterior Gobierno, atiendes la emergencia con prontitud y entereza. Acá ha faltado prontitud, ideas,convicción y sobre todo entereza, pues la respuesta permanente del Gobierno es «es que los otros dejaron la escoba».
Pues bien, el Consejo Fiscal Autónomo (CFA) ya advirtió que el proyecto gubernamental genera déficits fiscales al menos hasta 2031, incluso considerando el efecto de mayor crecimiento estimado.
Y otro punto no menor: el CFA también planteó también que para alcanzar neutralidad fiscal en el período 2026-2031, se requerirían fuentes adicionales de financiamiento, que no están contempladas en el proyecto.
Hacienda, no contento con asegurar que los Gobienros deben seguir su camino y por tanto que los decretos eran una posibilidad, tildó de “detalles” el informe de CFA, en una nueva muestra de su sordera y su soberbia.
Por último, lo que más preocupa es la falta de diálogo: no se conversó entre diversos sectores; no se escucharon las críticas desde el mismo oficialismo -Matthei incluida-; la comisión de Hacienda apura innecesariamente la tramitación del proyecto -que tendrá probablemente unas mil indicaciones-; y, finalmente, se amenaza con decretos si es que no se vota la reforma. Eso no es democracia. Se llama de otra manera.



