La clave para frenar la delincuencia en adolescentes es invertir en prevención

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Por Antonieta Flores Miranda

La delincuencia juvenil no es solo un problema de seguridad, sino un síntoma profundo de la desigualdad social y de los contextos educativos que no han sido capaces de hacer que los y las estudiantes más vulnerables permanezcan en las escuelas. Muchos de nuestros jóvenes viven en entornos familiares donde los recursos son escasos, no tienen una red de apoyo adecuada y amistades que se potencian desde lo negativo. Si nuestra intención es querer romper el ciclo del crimen, especialmente entre los jóvenes, no basta con crear leyes que castiguen los hechos delictivos de manera más rígida, que por cierto son importantes y se deben hacer. También necesitamos dar una mirada más amplia desde lo preventivo.

Ciertamente vivimos tiempos complejos y dado los acontecimientos ocurridos en términos de delincuencia, pensamos en que debemos “con urgencia” tomar medidas concretas, pero que muchas veces son medidas a corto plazo y populistas. Creo, en cambio, que es tiempo de reflexionar sobre lo que impulsa a un joven a cometer delitos y desde ahí tomar medidas que, si bien pueden ser a largo plazo, tienden a ser más efectivas.

Si logramos mirar con un lente más agudo nos daríamos cuenta que detrás de muchos delitos cometidos por adolescentes hay causas que no tienen que ver con el solo hecho de “robar por maldad”, sino que existen patrones sociales mucho más complejos. Si pensamos en la crianza de nuestros hijos, hijas, sobrinos/as y nietos/as, fácilmente podríamos deducir que aquellos quienes crecen recibiendo contención socio-emocional, donde sus redes comunitarias son fuertes y los contextos escolares suman más que restan, tienen menos riesgo de pertenecer a bandas de crimen organizado, quienes les reclutan y les dan ese sentido de “familia y pertenencia” que necesitan.

Debemos crear espacios para evitar que nuestras juventudes pierdan su norte. En mi dualidad de roles, tanto como profesora y concejala, tengo la convicción que si un estudiante es excluido del contexto escolar tiene una exposición mayor al consumo de sustancias ilícitas y a comportamientos delictivos. En el caso de los gobiernos locales como los municipios, quienes tratan la seguridad desde lo preventivo, elaborar estrategias donde lo principal sea la participación de NNA y adolescentes en espacios deportivos, académicos, culturales y artísticos contribuyen para combatir este complejo problema que se toma a diario nuestras calles, plazas y los espacios públicos que nos pertenecen todos y todas.

Un claro ejemplo de prevención en nuestra comuna Quinta Normal, es la creación hace dos años del primer preuniversitario comunal gratuito, que ha beneficiado alrededor de 240 estudiantes de tercero y cuarto medio. En enseñanza básica, la implementación del programa de lecto-escritura el que ha permitido que niños y niñas desde temprana edad logren mejorar sus habilidades de comprensión.

Es por eso que sería interesante poder replantear el cómo estamos viendo la delincuencia juvenil. Y es por eso que se agradece y valora que existan municipios como el de Quinta Normal, Renca y Maipú, que hace poco firmaron un convenio con la organización sueca sin fines de lucro Fryshuset, que busca trabajar e implementar estrategias de prevención delictual mostrando que existen otras formas de ver la seguridad asumiendo que el futuro está disponible y construible, pero siempre mirado desde la panorámica de los y las jóvenes.

Creo fervientemente que el diálogo y la escucha activa de los niños, niñas y jóvenes es vital, como forma de conocer sus necesidades gustos y también sus dolores. Estoy segura que al Estado le costaría mucho menos dinero si los gobiernos locales, el mismo Estado, las familias y las comunidades educativas invirtieran y trabajaran de manera colaborativa. Usemos los recursos de forma más eficaz, invirtamos en centros deportivos y culturales, como en el caso de Suecia, donde nuestros niños, niñas y jóvenes desarrollen al máximo sus talentos y capacidades y sientan que son parte esencial de una sociedad que los valora, que los cuida y que los motive a ser cada día mejores, aunque su entorno cotidiano no sea el mejor.

No podemos seguir fallando ni evadiendo nuestra responsabilidad como sociedad, como autoridades, como comunidad y no debemos limitar nuestras decisiones en acciones que se traduzcan solo en “tener mano dura”, sino la invitación es poder ampliar nuestra visión de futuro para tener un país y una sociedad más segura donde la prevención sea una herramienta útil, más eficaz, más humana.

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